Me acaricia la cara con un dedo, desde la frente hasta la mejilla y hasta la barbilla, y después baja por el cuello. Madre mía, entiendo perfectamente por qué el rey Eduardo VIII de Inglaterra renunció al trono por amor. Si yo tuviera un trono, abdicaría sólo para revivir esos últimos tres segundos.
El tiempo recorría la recámara tan lento, parecía que el reloj contenía dentro de su cápsula de cristal mis tenues latidos, su piel blanca y tierna se extendía sobre las suaves sabanas, como pequeñas partículas de polen lanzadas al azar sobre los pétalos de una roja rosa, pensar que nunca más volverían a mi sus cálidos suspiros , no habían pasado seguro más de 3 minutos y mi mente se revolcaba en escenas de un pasado no muy lejano de aquel momento , sus dedos fríos y largos entrelazando mi pelo , sus palabras punzantes sobre el velo de la noche , su aroma intenso sobre la cama, todo pasaba frente a mis ojos a una velocidad necesaria para hacerme pensar , temblar y sudar frente a su cuerpo sin vida, era una escena impactante, una bomba nuclear que destrozaba todos mis anhelos, aun podía escuchar el eco que dejaron sus latidos en la habitación, pero sabía que había algo mas detrás de ese sonido, tenía que descubrir que había pasado por mis manos ensangrentadas antes de llegar a tan cruda realidad, a esta apabullante condena de no sentir tu cuerpo una vez más.
Traté de observar toda la habitación, traté de ser fuerte como si fuese solo una terrible pesadilla, lo primero que note fueron las múltiples gotas de sangre impregnadas en el techo y las paredes, no encontraba la forma en la cual hubieran podido llegar ahí, había un par de bisturís justo a los pies de la cama, pero estos se encontraban limpios, intactos, como si hubieran estado ahí de testigos, pretendí seguir mirando el lugar pero me detuve en las fotos que habían encima de la mesilla, eran fotos de nosotros, fotos de aquella nublada tarde donde te conocí, fue inevitable negarme a tan terrible hecho, no podía concebir que jamás estaríamos juntos de nuevo, mi mundo se derrumbo como un rascacielos en medio de un huracán pues ya nada podía hacer, y fue así, como me acerque de nuevo a tu cuerpo, solo quería abrazarte una vez más, pero sabía que no podrías darme el amor que en noches anteriores desbordaron los limites de mi corazón, así que me limite a mirarte, fue increíble ver tu cuerpo o lo que quedaba de él, tus ojos ya no estaban, tu cara estaba ensangrentada y con la boca abierta, tus labios había desparecido y solo pude ver la forma de tu cráneo, tu cuerpo estaba lleno de mordidas que había arrancado la mayor parte , de tu suave piel, y tu pecho tenía un enorme agujero de donde habían sacado tu corazón, verte me hizo necesitar saberlo todo, ¿Qué había pasado los minutos anteriores? ¿De dónde salió toda esa sangre? ¿Quién había sido? ¿Por qué? ¿!Porque!? No entendía nada, y tal vez mi subconsciente no lo quería entender, tantas preguntas distrajeron mi nublada vista y la mayoría de mis sentidos hasta ver aquel espejo al lado de la cama, mi pelo estaba alborotado y manchado de sangre, las puntas aun goteaban sin cesar, mi cuello tenia marcas de rasguños y algunos moretones, mi ropa estaba empapada de un color rojo oscuro, pero al ver mis manos, obtuve la respuesta, en una tenía el puñal ensangrentado y en la otra sostenía fuertemente tu inerte y frágil corazón.
Entonces un sentimiento calador de miedo recorrió mi alma, perforándola y dejando en ella un vacío insaciable, se apodero de cada célula de mi cuerpo cubriéndolas sínicamente con ternura, la mente retorcida parecía reventarme y en medio de aquella escena profana que se expandía a través de mis pupilas rompí a llorar, sintiendo con cada nervio de mi piel tu gélido corazón y sin conciencia alguna lo estrechaba presintiendo un fino latido , como el ultimo susurro de vida que quedaba en el, como el único hilo que nos vinculaba de la vida a la muerte, la sombra de aquel cuerpo amorfo se tatuaba bellamente en la pared acompañándome en las tinieblas, intente reconocer aquel cuerpo destrozado pero el miedo culmino mis recuerdos y no logre conseguir nada , entonces la locura me abrazo fuertemente , como la noche se apodera del día, era inevitable ¡ya todo estaba hecho! Y por mi parte ningún agobio me izo volver. Sabía que no tendría respuesta alguna del porque lo había hecho, entonces sin más tome el cuerpo lo metí ala tina abrí la llave y el agua purifico aquella masa de carne y sangre, me desnude delicadamente y me sumergí en aquella agua roja, bajo la luz de la luna yo y mi amado tomamos un baño como seres nocturnos esperando ser llevados al cielo.