Respiró hondo, y luego soltó el aire muy despacio. Me puso las manos a ambos lados de la cara, obligándome a sostener su mirada, y clavó sus ojos en los míos durante largo rato. Me pregunté que buscaba en ellos y qué estaba encontrando, y si la culpa era tan palpable en mi rostro como en mi estómago, que se había revuelto. Sus ojos lucharon por contener alguna emoción que no pude leer. Después apartó las manos de mi cara,se dio media vuelta dispuesto a marcharse...
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